Hoy, luego de un año, asistí de nuevo a un círculo de lectura —claro, en el Ceart—. Me sentí ajeno y expectante por partes iguales. Podría decir mucho. Diré que me quedo tranquilo de haber asistido. Me quedo tranquilo de recuperar algo de ánimo al recordar que la literatura puede ser una experiencia que cree comunidad. Me quedo tranquilo de recordar que no es un soliloquio insufrible. Me quedo tranquilo de haber egresado y poder volver a ver gente a la que sí le interesa genuinamente la imaginación humana.