Hace unas semanas, decidí atacar el GAS (gear acquisition syndrome) y vender parte de mi equipo fotográfico para quedarme con uno nuevo, supuestamente definitivo: la Olympus OM-1 (muy coqueta, muy ligera). Ya luego hablaré más a detalle de todas las cámaras que he probado en esta primera mitad del año.
Estas fotos fueron hechas para probar tres cosas: los nuevos sellos de luz que le puse a la cámara, el correcto funcionamiento del exposímetro y un nuevo revelador que conseguí, el Adox FX-39 II. Y pues qué decir: puros éxitos.
La mayor sorpresa fue el revelador; lástima que casi no se vende en México, porque hace maravillas con la Kentmere Pan 400 —y eso que Adox aconseja no usarlo con películas de iso mayor a 200—. Mis primeras experiencias con esta película habían sido poco emocionantes y, además, sentía que el Rodinal no me estaba dando los resultados que buscaba. Quizá, solo a veces, el GAS funciona para bien, porque esa botella de FX-39 fue la última que quedaba en stock.
La Kentmere es una emulsión muy flexible y espero poder quemar unos cuantos carretes más próximamente.