A principios de junio, y con juguete nuevo en mano (el Zuiko 17 mm f/1.8 de Olympus), decidí volver a visitar el Jardín Borda. Ya en mi primer día en Cuernavaca lo había explorado debidamente, pero quise volver a él para obtener algo de paz con la shutter therapy. Recién había llovido en días anteriores, así que el verdor reventaba en cada sitio. Ya lo había dicho en otro lugar: en esta ciudad, el musgo poslluvia es tu mejor amigo.

Si publico las fotos hasta ahora es porque nunca quedé muy contento con la edición. Todavía, al hacer clic en publicar, me lo dudo un poco. Mejor tarde que nunca.