Acabó junio. Ya saben qué voy a decir de junio. Ya saben qué poema de Paz voy a citar. En mi mente, sin embargo, junio carece de una selección musical. Hay meses que tienen una banda sonora bien definida; diciembre acaso sea el caso más obvio. Junio, quizá como enero y el vecino julio, es un mes ingrávido: existe solo para rellenar ese hueco entre otros meses más importantes: mayo y agosto, en este caso. Y este vacío se repite en la música.

Pero este año no. Apurado perdiendo el tiempo o genuinamente ocupado, estas últimas semanas he estado obsesionado con el Danzón n.º 2 de Márquez. En años usuales, el amor que le profeso se lo reservo para septiembre: hay que guardar un mínimo de nacionalismo.

Nunca le confío mi escucha a la función de cola automática de YouTube, pero a veces se me olvida desactivarla —aunque funciona muy bien para el pop-rock japonés—. Este desliz algorítmico me llevó por otras versiones del Danzón que no había escuchado y, ya puesto a perder el tiempo, decidí hacer una lista de las interpretaciones que más me gustan.

Simon Ghraichy

Ya no recuerdo cómo llegué esta grabación en particular, pero es a la que me confío cada septiembre. Hay dos versiones: solo de piano y piano con percusiones. Recomiendo esta última porque conserva las claves (y así sí dan ganas de moverse). Ghraichy, me parece, tiene la interpretación en el piano (arreglo suyo) más resuelta de varias que he escuchado.

Gustavo Dudamel y la Bolívar

Antes, la imagen que tenía de Dudamel se reducía a su famosa versión del último movimiento de la novena de Dvořák (esa en la que sale Benedicto XVI al fondo). Pero los caminos del algoritmo son misteriosos y llegué a una serie de conciertos del Festival de Lucerna en la Pascua de 2007. Allí dirige a la Sinfónica Simón Bolívar y con ella se permite algo más de bailabilidad en el fraseo, especialmente si se compara con la versión de Alondra de la Parra y la Filarmónica de las Américas, algo más contenida con el piano.

Lan Shui y la Sinfónica de Singapur

Esta versión me asaltó los oídos. La primera vez que la escuché, empujé el ratón hacia la ventana de YT solo para pausarla. Me parecía fuera de tempo, con un fraseo incorrecto, acaso como de orquesta universitaria mal encauzada. Pero le concedí el privilegio de la primera escucha y pronto la cosa tomó sentido, más cuando vi el título del CD: Dances of our Time. ¡Claro! Buscaban la mayor bailabilidad y me parece que esa apuesta hace de esta grabación un deleite novedoso (se baila mejor la segunda mitad: inicia con un rallentando que me hace imaginar a gente cansada que no quiere dejar la pista).