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Los siguientes comentarios aparecieron primero en forma de un extenso hilo en Twitter. Le copié la idea a Andrés, quien, a su vez, seguro la copió de alguien más. La idea era escribir sólo una brevísima impresión de lectura tan pronto se tuviera tiempo para ello. Idealmente, no mayor al límite de caracteres de un tuit. Ocurridos antes de 2022, y ya pasado un tiempo, no dejaría morir estos comentarios en el tugurio que ahora es Twitter X. (Algunos de los comentarios aquí presentados alcanzaron la gracia de reseña.)

El eterno femenino, Rosario Castellanos

Castellanos es de mis escritoras favoritas. Esta es una farsa extrañísima —⁠no sabría decir si efectiva, tampoco si la comprendí en su rareza⁠— que se pasa las normas del teatro clásico por el arco del triunfo. Feminismo, autocrítica, ¿metateatralidad?

Las trampas de la fe, Octavio Paz

Con Paz me aventé 10 meses. Ni con el Quijote me tardé tanto. 800 páginas de sor Juana, sobre sor Juana y cerca de sor Juana. Tiene aspectos insostenibles —⁠como ensayo histórico, quiero decir⁠—, pero vale bastante la pena —⁠hay páginas que subrayaría enteras⁠—. Continuidad y ruptura de los estudios sorjuaninos.

La sección que abre el libro me parece una joyita. Una visión muy bien estructurada del mundo novohispano (s. XVII). Me sorprende la capacidad de Paz para encontrar relaciones, paralelos y hablar de ellos como poeta. Ya Margo Glantz dijo que es antropofagia: sor Juana se parece a Paz.

Eres tan bella como una flor, pero las nubes nos separan, Li Bai

Si quitamos a Kobayashi, Li Bai, chino, fue mi primer acercamiento a la literatura de Asia. Poesía aristocrática, totalmente escénica, lírica. Li Bai es condensación en máximo punto: cuatro líneas y ya tiene una historia detrás que empuja el sentimiento. Escribí una reseña.

Grandeza Mexicana, Bernardo de Balbuena

—Mamá, ¿podemos tener poesía encomiástica de calidad?
—Ya tenemos poesía encomiástica en casa.

La poesía encomiástica:

El túnel, Ernesto Sábato

Ya había leído El túnel como entre 2016 y 2017 y me había parecido una buena novela… Creo que aún le puedo dejar ese título. Lo que no puedo pasar por alto es lo insufrible que es Castel-personaje, cosa de la que ahora me doy cuenta con no poco disgusto. Castel que veo, Castel que pateo. Es abominablemente humano.

Adenda de noviembre de 2023

Mi segunda lectura de esta novela también comenzó con Elenna y Santiago en el pequeño club de lectura que armamos en el segundo semestre de 2020 para salvar la cuarentena. Todavía en enero de 2021 la lectura parecía salvable, pero ninguno de los tres la estaba disfrutando tanto como pensamos —⁠o mejor dicho, tanto como yo les había prometido⁠—. Luego, siguiendo con la última parte de la licenciatura, la continué en mayo de 2022 y pude disfrutarla un poco más. Como dije, Castel es insufriblemente humano, lo que hace que leerlo como protagonista oscile entre la fascinación y el rechazo, aspecto que sin duda debió impresionar al Alejandro que la leyó por primera vez en 2017.

Popol Vuh

Porque tengo mucho que decir es que decirlo no sumará a la impresión que tengo de estas historias —⁠supuestas, claro: hay mano española⁠— del Quiché. Hacer una valoración de algo así es como hacerla de la Biblia, con la que tantos paralelismos se le ha buscado. Personalmente, no obstante, mi parte favorita son las aventuras de los gemelos Hunahpú e Ixbalanqué frente a los designios de los Señores de Xibalbá… Las casas de castigo, las metamorfosis, el silencio de los Abuelos del Alba, las numerosas apoteosis…

Con el perdón de Asturias, la versión de Adrián Recinos es mucho más legible para nuestra posición moderna (y española). Penguin Random House sacó con la Unam una restitución del texto original, puesto en verso y alineado a la izquierda… Sería interesante leerla desde ahí con su versificación real.

Rebelión en la granja, George Orwell

A Orwell ya lo había leído, acompañado de amigos (TQM, Santiago y Elenna) en 1984. No me pareció una obra maestra ni nada (no podía serlo), pero sus proposiciones me sacudieron varias cosas que identificar ahora no tiene mucho sentido. Lo importante fue la sacudida. Con Rebelión en la granja no hubo tanta sacudida, pues, como alegoría, la sacudida está en la historia, esa con mayúscula inicial. Lo que si hubo fue maestría narrativa. Qué fantástico y qué horroroso cómo Orwell va conjuntando las diversas posibilidades actanciales (y simbólicas: los mandamientos, la ropa, la progresiva humanización) de sus personajes para hacer de ellos una segunda revolución más importante que la revolución declarada.

Una no habla de esto, Sylvia Aguilar Zéleny

Zéleny es, aunque no vamos ni a mitad de año, uno de esos descubrimientos anuales, seguro. No la conocía de nada y creo que eso fue la mejor presentación. Aunque en la contraportada del libro se anuncia que el texto presenta «ecos» —⁠quien sabe lo que eso signifique⁠— de Yoshimoto, Wilde y Neruda, no creo que la autora deba medirse con esas varas. Sí es posible identificar a Yoshimoto, pero no por Yoshimoto: como si lo intimista, la delicia de narrar lo cotidiano, fuera exclusivo de las autoridades. Dicho esto, Una no habla de esto no cuenta nada en concreto, pero cuenta mucho. Es un diario (2003-2004).

Definitivamente me gustaría hacer una reseña más detallada de este libro (Sí se hizo, de hecho: está aquí). Por ahora sólo quiero dejar dos apuntes:

  1. «Quería que al amanecer me encontrara con algo lo más parecido a lo que el silencio tenía siglos planeando: mi mundo».
  2. Qu[iero] leer más de la autora.

La noche de las hormigas, Aline Pettersson

Con esta breve (pero bien intensa) novela quiero detenerme más. Pareciera que con cada vuelta de carro la autora se ve obligada a escribir algo poético que anime al lector a seguir el azogue lento en que la novela se va anegando, justo como su protagonista se va quedando sin sangre en el cuerpo… Al principio pensé que esto era malo, que La noche de las hormigas era una de esas obras cuya carga poética (la elaboración discursiva) supera la estructura narrativa planteada y la asfixia como consecuencia. Pero no, luego de la segunda mitad todos los hilos que fueron lanzados (algunos sólo sugeridos) convergen en la imagen metafórica del telar, que signa la novela.

La novela está partida en dos voces: Ifigenia (la imagen mítica) y Alfonso (la imagen científica). Sigo pensando que las partes de Ifigenia no están del todo cuajadas, pues su supresión ni afecta el curso real de la historia. Quiero decir, afecta sin duda la novela, pero para mal: el ritmo se ralentiza, lastrado. No obstante, puede buscársele una relación semiótica más abarcadora. Como los propios pensamientos del moribundo protagonista, Alfonso, demuestran, todo puede ser complejizado o reducido. Al final, «las pruebas y las mediciones permanecen del otro lado de las fronteras del alma».

Petterson es la otra autora-gran-descubrimiento del mes (abril). Las indagaciones sobre la certeza de las cosas (ese eterno conflicto entre razón e imaginación, deseo y realización) de sus personajes demuestran una capacidad imaginativa asombrosa.

Amor es más laberinto, sor Juana

Para Mexicana leímos Amor es más laberinto. Buena oportunidad. Ya antes había leído Los empeños de una casa, que me dejó más bien indiferente, pero sor Juana siempre reserva sorpresas. Curiosamente, me gustó más la segunda jornada, de Juan de Guevara.

Ahí hay un sarao en el palacio del rey Minos, una vez que el asunto mitológico (el hilo de Ariadna y la victoria de Teseo) queda desplazado por los conflictos de toda comedia de capa y espada (y esto no es precisamente malo). El festejo en el palacio de Minos representa, en el nivel argumental, el mayor momento de distensión; por el contrario, en el nivel escénico y de los personajes, constituye uno de los momentos de mayor enredo. La oscuridad, la incomunicación y los equívocos coadyuvan al juego.

La verdad sospechosa, Juan Ruiz de Alarcón

También la leí para Mexicana. WOW. Si ya Amor es más laberinto me había sorprendido con sus hábiles juegos de velamiento, La verdad sospechosa le aventaja en ánimo escénico. El protagonista, don García, aunque sea un patán, onvre en toda regla, es bastante divertido. Lo mismo que su contraparte (menos idiota) femenina, Lucrecia. Y claro, como teatro barroco, hay un juego de velamientos muy ingenioso alrededor de la verdad como discurso y su comprobación factual. La puesta en escena disponible en la Teatroteca de Madrid es muy buena.

Doña Rosita la soltera, Federico García Lorca

Todavía con teatro, ahora le tocó a Lorca. Estoy orgulloso de que la pude colar el programa de la materia. La verdad es que cualquier cosa que pueda decir sobre su teatro es superficial. Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores tiene, como una rosa, un montón de pétalos que ocultan lo fecundo de sus simbolismos. Pura isotopía armada con un dramatismo bastante patético en realidad. Se siente como un sueño, excepto que todo sueño es de antemano falso.

Un hogar sólido, Elena Garro

Hablando de viejas glorias, también le tocó una segunda revisada a Garro. Si hay algo mejor que sus cuentos, es su teatro, siempre lo voy a decir. Toda la carga discursiva que en sus cuentos falla por superar la estructura narrativa, en su teatro termina aclimatada de manera excelente. Mi parte favorita es, sin duda, el final. Una lechuga se torna un ser humano y un ser humano, por acto de la muerte, es todas las vidas. La paradoja de la solidez: se consigue con la dispersión. Quisiera tener un poco de la imaginación de Garro.

Memorias, fray Servando Teresa de Mier

5mentarios, jajajá. Mier se la pasa quejándose de todo, pero es divertido leer su experiencia con ratas gigantes, burócratas ineptos y jesuitas soberbios. Además, aunque parezca una obra estéril, su corpus memorialístico ofrece muchas sutilezas discursivas que estudiar.

Given, Natsuki Kizu

Si ignoramos el hecho de que soy un neófito del manga, puedo decir que la «narración» de Kizu es una de las cosas que más me gustan de toda la serie. En realidad, es todo pura impresión, como debe de ser.

Esta serie me hace muy feliz porque hace ostensible el duelo. Y mejor que eso: cómo se procesa el pasado. La muerte del ser amado pasa de ser una presencia asfixiante, guitarra desafinada del cuerpo ausente, a ser la presencia cálida, resignificada, de la cuerda repuesta. En menos palabras: amo Given. Ya va a salir una nueva adaptación y también ya actualizaron en Japón. Se viene la lloradera.

Historia de Japón, Brett L. Walker

Una historia concisa, pero no por ello inerte, inarticulada sobre una serie de eventos cronológicamente coherentes. Lo que me encanta de esta historia, una entre tantas, son tres cosas.

  1. La elaboración discursiva: Walker expone los hechos de manera crítica y amena; casi diría que con encanto literario.
  2. Sostén de lo anterior, se incluyen muchísimos testimonios de diversa índole: madres que pierden a sus hijos en la guerra, literatos reformadores, maestros budistas y suicidas fascistas. Se leen múltiples voces. Y, la más importante…
  3. Es una historia con perspectiva ecológica. No había leído nada antes parecido en este ámbito. Básicamente, Walker pone énfasis en la presencia de los seres no humanos y su interrelación con el medio, y lo hace de una forma crítica, panorámica, y que permite comprender las causas y los efectos del movimiento histórico, desde los primeros pobladores de las hoy islas japonesas hasta los sucesos de la triple catástrofe del 2011.

Teoría literaría, René Wellek y Austin Warren

Si ignoras los ejemplos de poetas ingleses, pasas un buen rato. Luego el New Criticism recibe mucha tierra por no ser 100tíficos como los formalistas rusos, pero ciertamente tiene todavía mucho de rescatable.

Sin rumbo, Eugenio Cambaceres

Andrés, el protagonista, es un personaje harto interesante en tanto conjunta varios contrarios: un enfermizo amor propio y un hartazgo por la humanidad entera; la falta de una real convicción vital frente a los ataques de religiosidad en la segunda mitad de la novela; o, en última instancia, una misoginia que sólo se alivia, parcialmente, con una hija. Un final extraño, que se sale del esquema naturalista planteado. Como indica el título, es un personaje sin rumbo (quizá no en el buen sentido). Pero fuera de eso, nada más. Su mérito es estar lo suficientemente bien hilada como para terminarla, pero no para alabarla.

La primavera llegó en un carro tirado por caballos, Riichi Yokomitsu

Sólo diré que me parece una pena que no se haya traducido más de Yokomitsu al español todavía. Fuera de los cuentos de esta hermosa antología (entre la desesperanza, la belleza al borde de la muerte y la contemplación de yo ante los otros), sólo tiene una mención en la Sur número 249… ¡de 1957! Échenle un ojo al catálogo de También el Caracol (aunque no hagan envíos a México), sobretodo si les interesa la literatura japonesa. Tiene traducciones inéditas imperdibles.

Adenda del 16 de marzo de 2023

Ando revisitando esta antología. Releí el segundo cuento, «La primavera llegó en un carro tirado por caballos» y estoy incluso más fascinado que antes. El mundo en que se mueven los personajes está hecho de alusiones muy sensibles (por inopinadas y porque a Yokomitsu le interesaba eso: describir la encrucijada entre sensibilidad e intelecto). Este cuento hace parte de sus exploraciones algo autobiográficas acerca de la enfermedad, la muerte y la naturaleza. Como en «Una casa hermosa» (Utsukushii ie), la aparición de las flores contrasta con el estado cada vez más deteriorado de los personajes, como si ellos mismos fueran especies de una estación perdida, incapaces de alcanzar a florecer a la par que su entorno. Pero los personajes saben eso, no sólo lo padecen.

Este tipo de consciencia que Yokomitsu escribe me resulta muy interesante porque lo racional aparece de la mano con aquello que no lo es tanto, casi negligencia (el marido discutiendo con su esposa sin pulmones en «La primavera…», los esposos que alquilan la primera casa que ven por cansancio en «Una casa hermosa»). (Qué buena traducción, por cierto.)

Quisera apuntar algo más: la idea del cuerpo como laboratorio. El personaje que es consciente de estar probando el sufrimiento «como la lengua el azúcar» —⁠imagen similar hay en la «Oda a la melancolía» de Keats miamor⁠—, pero que no lo hace por algún tipo de ánimo autodestructivo, sino por la simple ambición de llegar a conocer, de «mirarlos con la luz total de todos [los] sentidos» y preguntarse qué es lo que tendrá mejor sabor al final».

La rosa muerta, Aurora Cáceres

Hablado de autores sin buenos privilegios editoriales, tenemos a Zoila Aurora Cáceres… No sé que había hecho de mi vida que no la había leído. Verdadera autora perdida del Modernismo. Sin duda de las mejores lecturas de este año. Ya había dicho en otra parte que la novela tiene ciertos pasajes algo ¿extraños? (lo que se dice «muy de su época»…).

Los placeres de la literatura japonesa, Donald Keene

Sigo con la literatura japonesa. Este es un muuuy buen libro introductorio. Conciso, bien traducido y con genio: el juicio de Keene me parece en todo momento bastante sensato. No se siente como una mera exposición de conceptos (aunque sí lo sea).

O reguero de hormigas, Yolanda Segura

De Yolanda Segura la verdad no tengo un comentario real. (¿La sensación de lectura, acaso, que no es una impresión?) Sólo una petición: vayan a leerla. A mí me costó $10 en Educal, jajajá.

La venta del chivo prieto, Laura Méndez de Cuenca

Una novela corta entretenida. Se pone más interesante si se la ve desde afuera: el final se toca con el principio de una forma muy irónica.

Historia de la lengua española, Rafael Lapesa

Ciertamente es todo un clásico, pero creo que hay mejores alternativas. No me parece que sea un buen libro en ninguno de los aspectos que acomete. Ni en las valoraciones literarias (siempre muy al aire) ni en las explicaciones históricas. Incluso en el apartado de los cambios fonéticos y morfológicos necesita mejorar. Que sea un libro denso no es necesariamente garantía de un conocimiento competente. Ya lo dicen: «Lapesa pesa», pero soy más #TeamAlatorre.

Li-Po y otros poemas, José Juan Tablada

Tablada, ya lo había dicho, es el descubrimiento más grato de este año. Sin dudarlo, este es mi libro favorito del año (también Un día… pero aún no lo termino).

Insomnio:
en su pizarra negra
suma cifras de fósforo.

Leído en Jarro de flores. Disociaciones líricas

A 150 años de la Academia de Letrán, José Emilio Pacheco

Qué decir… Es lo que dice el título. Pacheco siempre cuenta anécdotas interesantes.

Solanin, Inio Asano

Solalin es una lectura muy ligera. Este es el primer tomo de dos y se percibe fácilmente: hay muchos indicios. Imágenes leves que amenazan con volverse pesadas y llevar a los personajes al quiebre. Creo que ese es su carácter: una historia muy de «nuestro» mundo con todo y su hastío. Todavía no me decido sobre si me gustó o no (para ser lo primero de Asano que leo).